José María Yazpik y su debut en la comedia romántica

José María Yazpik recibió el guión de Todos queremos a alguien de parte de Pepe Nacif, uno de los productores. Le dijo que sabía que no hacía comedias románticas, pero que ésta era especial. También le pareció así al actor y decidió experimentar en el género. “Y se conjuntaron muchas cosas: el querer trabajar con Catalina Aguilar Mastretta, el querer trabajar con Karla Souza, el ir a Ensenada, que amo con locura y desesperación. Fueron todos estos elementos, pero lo primero fue el guión. Dije: puede ser algo divertido, es ligero pero con profundidad”.

Una vez que aceptó interpretar a Daniel, el ex novio de Clara (Karla Souza) que le llega a remover toda su aparente tranquilidad, lo más difícil fue lograr que el personaje “se mantuviera ligero y que fuera querible porque generalmente los personajes que hago son otra cosa y no tengo que caer bien”.

Ese personaje, dice Yazpik, le permitió trabajar un poquito más su nostalgia. “Es intermitente, está viviendo una crisis existencial. No se halla en ningún lado y de repente tiene que regresar a sus orígenes, a sus raíces, para poderse agarrar de algo y tener una pausa y ver dónde está parado y hacia dónde quiere ir. Eso me pasa seguido. Es una manera de seguir trabajando lo que uno vive a través del personaje”.

 

Compartir protagónico con Karla Souza fue “una gozadera absoluta”, sostiene Yazpik. Tuvieron algunos ensayos que les permitieron que sus escenas fluyeran mejor. “Creo que Catalina hizo un excelente trabajo. Ella conoce muy bien a su público y conoce muy bien el género, es una persona preparada”.

Él busca que los personajes que interpreta “representen algo, ya sea para el público o a nivel personal. Que representen un reto o la posibilidad de autoanalizarte o de exorcizar algo que traigas dentro, o que cumplan la necesidad de expresar algo importante para ti o para el momento que esté viviendo el país”.

Su trabajo como actor, dice, lo debe llevar “a tener reflexiones sobre mi vida, sobre el ser humano, sobre el momento en que estoy, sobre la paternidad, sobre el amor, sobre la amistad. Y cada historia, cada personaje que voy representando, me da este tipo de alimento, este tipo de reflexiones que me parecen importantes”.

Un actor, dice Yazpik, no debe juzgar su personaje, ni hacerlo con prejuicio. “Es entrar a ese juego y ya depende de la gente que te está guiando para que eso salga bien”.