Luis Eduardo Reyes ríe de las tragedias

El director de Qué pena tu vida nos dijo por qué encuentra en las situaciones difíciles una buena dosis de comedia.

 

Luis Eduardo Reyes es un experimentado director de teatro y telenovelas que en 2008 incursionó en el cine con Amor letra por letra y que ahora se encargó de la dirección de Qué pena tu vida, remake de una cinta chilena de 2010. Para hacer esta comedia, recordó una “ecuación” que alguna vez alguien le dijo: “tragedia más tiempo igual a comedia“. Esto hace que los elementos trágicos también sean material de comedia”.

Así, el dilema que vive Javier (José María de Tavira), quien no puede lidiar con el rompimiento con Sofía (Ilse Salas) y pierde hasta el trabajo, es el detonante de la comedia. Luis Eduardo le pidió a sus actores que vivieran las tragedias de sus personajes. “A raíz de ellas es como vamos a llegar al humor, no al revés. Tampoco se pretendía que fueran personajes que quisieran hacernos reír a propósito”.

La relación que quiere recuperar Javier se vuelve una obsesión y la pregunta a resolver, dice el realizador, es hasta cuándo debemos darnos cuenta que hay que soltar las cosas. Otro punto interesante de Qué pena tu vida, comenta Reyes, es el haber sacado del lugar común a Ilse Salas y Aislinn Derbez. La primera es el interés amoroso del protagonista, mientras Aislinn interpreta a la amiga que trata de ayudarlo.

“Aislinn aceptó el reto de aparecer totalmente distinta al resto de las películas que ha hecho, transformándola en la ‘mejor amiga de’. Y eso significa cambiarle el look, por ejemplo, para que no sea la voluptuosa, la comemachos. Vamos a hacer un personaje feo, incluso, bueno, Aislinn es muy bella, pero vamos a quitar ese arquetipo que ya se había manejado. Así que invertimos los papeles y a mí me gusta mucho el resultado”.

Luis Eduardo, además, dice que otro personaje importante de la película es la Ciudad de México, pues ésta se transforma, y es una diferencia considerable de su par chilena. “Uno tiene sus lugares porque nos recuerdan a las personas amadas, pero cuando volvemos a ellos lo hacemos por nostalgia y dolor. Hay una secuencia en la película en la que Javier y Andrea (Aislinn) van a un parque y hay una escultura-asiento a la que él iba con Sofía, pero ahora ya hay un puesto de tacos. O sea, la misma ciudad se transforma y uno tiene que encontrar lugares nuevos para que después, en el futuro, podamos sentir nostalgia de ellos, pero no quedarnos en una relación y vivir en la nostalgia. Para lo que sirve la nostalgia es para visitarla de vez en cuando, pero no para vivir en ella”.

El realizador asegura que a él le gusta hacer todo tipo de películas, no solo las comedias románticas. De hecho, dice, en el país existen una larga trayectoria del género que ahora vive una especie de boom. “México, desde los años 30, tiene una historia de comedia romántica impresionante, desde las comedias rancheras y luego las comedias urbanas”.

Pero después, cuenta, el público se distanció del cine mexicano hasta que en los años noventa volvió a fijarse en él y, baches de por medio, ya no lo ha dejado de ver. “Ahorita el espectador lo tiene en el ADN”. Para aprovechar eso, no hay que hacer comedias como las de los años 40, aunque las respeta. “Lo que pasa ahorita es que las vidas privadas de los personajes son expuestas, los deseos ocultos son expuestos y los vicios son expuestos, cosa que antes no. Hay que generar personajes viciosos. O sea la filosofía es esta, aunque parezca burda: ¿qué es más divertido, los gremlins mojados o los gremlins secos? ¿Qué representa más al humano? A mí me gusta, y me gustaría hacer, un tipo de comedia enfermiza. Ahora, hay otro fenómeno que se está dando en la comedia, y en el melodrama, el empoderamiento de la mujer. Es fundamental”.