El 68 en el cine

1968 fue un año que marcó un antes y un después en la historia moderna de México. El 2 de octubre de hace 50 años, el ejército reprimió con violencia un mitin estudiantil en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco, diez días antes de la inauguración de los Juegos Olímpicos que tenían por sede la Ciudad de México. Era la forma de acallar el movimiento estudiantil que había mantenido en huelga a la UNAM y el Politécnico desde agosto y que demostraba la urgencia de una transformación social. En esa época de cambios, el cine también cambió. Aquí te dejamos un breve listado con películas que, de algún modo, representaban una forma distinta de acercarse al cine, con cierto grado de concientización. Se incluyen los dos títulos que recogen los sucesos que marcaron indeleblemente a octubre de 1968 como un momento inolvidable de nuestra nación.

 

Fando y Lis (1967)

La primera película del ex mimo chileno Alejandro Jodorowsky, que trasladaba el teatro pánico a la pantalla, se exhibió en la Reseña de Acapulco de 1968, ocasionando la suspensión de ese festival pues desató un escándalo. La película, una  fantasía infantil llevada a la exageración al estar saturada de supuestas referencias simbólicas en la historia de Fando y Lis y los obstáculos que enfrentan en su accidentada relación, estuvo prohibida por cinco años. Fue la primera vez que el escándalo cultural levantó la fama de un director y su película.

 

La manzana de la discordia (1968)

Debut de Felipe Cazals, un excelso trabajo fílmico hecho al margen de los sindicatos, sin un guión establecido sino más bien hecho a partir de la improvisación, con un argumento violento y filmado con una economía de recursos que le daba un aire de crudeza y con soluciones que lo volvieron memorable. Cazals propuso una nueva forma de hacer cine en México que ni él mismo continuó en la historia de un hombre que contrata a dos más en un burdel para que le ayuden con un trabajito: matar a un terrateniente.

 

La puerta (1968)

Un cambio de registro de Luis Alcoriza en relación con el cine realista social que le dio prestigio con Tlayucan o Tiburoneros. Se trata de una fábula moral con tintes de horror, hecha originalmente para la televisión en un proyecto de Ismael Rodríguez que no cuajó, en la que un grupo de invitados a una fiesta descubre un túnel donde se encuentra un ser que quiere salir cada que se abre la puerta pero que se controla al cerrarla. Pronto se vuelve en el objeto de un juego en el que los invitados buscan controlar su miedo pero solo exacerban sus vicios.

 

Patsy, mi amor (1968)

El intento del crítico cinematográfico Manuel Michel, en su ópera prima, por tratar de hacer un cine subversivo que mostraba el despertar sexual desencantado de una joven universitaria de clase alta, la Patsy del título interpretada por Ofelia Medina. La historia, escrita por Gabriel García Márquez, seguía los escarceos de tres jóvenes universitarios por desvirgar a Patsy, quien finalmente sucumbe ante un cuarentón que la deja botada. Escandalizó a un sector, pero a pesar de sus inconsistencias mostraba ya la necesidad de apertura.

 

Olimpiada en México (1968)

El documental dirigido por Alberto Isaac en el que participaron 412 técnicos, 81 camarógrafos, 15 especialistas de sonido y 23 jefes de producción, además de algunos cineastas incipientes, durante un año, y que fue filmado con equipo de vanguardia, tuvo un derroche técnico sin precedentes, pero también un sentido acrítico que dejó fuera cualquier contexto social a pesar de que diez días antes de la inauguración de los juegos el movimiento estudiantil, que ni siquiera fue vagamente aludido, fue reprimido con una masacre. Es un filme que mostró el control estatal y la autocomplacencia en su máxima expresión.

 

El grito (1968-1970)

El filme es, en palabras de Jorge Ayala Blanco, “el testimonio fílmico más completo y coherente que existe el movimiento, visto desde adentro y contrario a las calumnias divulgadas por los demás medios masivos: el movimiento, tal como lo sintieron y vivieron sus propios militantes, aunque desde una perspectiva que apenas se ha contagiado con los éxtasis teóricos, las exaltaciones fáciles y las ingenuidades democráticas de muchos de ellos”. Fue trabajado por Leobardo López Arretche, estudiante del CUEC que fue preso político y quien al salir de prisión reunió las ocho horas de material filmado que se tenían bien resguardadas y que trabajó con harta discreción asistido por Alfredo Joskowicz y con apoyo de las autoridades del CUEC y de Difusión Cultural de la UNAM. Es un documento imperdible que este mes puede ser visto en diferentes foros y plataformas pues fue restaurado.