Marimar Vega es Valentina

Valentina –dice la actriz Marimar Vega sobre su personaje en La boda de Valentina– “es una mujer transparente, honesta, que se le nota todo. Si algo no le gusta, lo dice, y si no, se cambia, se va, en vez de participar. Creo que es una mujer fuerte, congruente. Al final, esa congruencia la hace tener el valor de tomar una decisión como la que toma. Yo, en cambio, no siempre soy congruente porque se me hace de las cosas más difíciles, pero lo intento. Y esa virtud del personaje me gusta”.

 

Para ella, la película dirigida por Marco Polo Constandse que estrena este 9 de febrero habla sobre el amor y especialmente de la familia, “más que hablamos un poco de los mexicanos contra los americanos, creo que parte de lo que nos identifica como cultura es la familia. Nosotros basamos todo en la madre, en los hijos, somos una cultura muy familiar”.

 

Marimar se sintió atraída de participar en el proyecto en cuanto leyó el guión. “Me reí muchísimo, me dieron muchas ganas de ser Valentina. Y luego la posibilidad de filmar en inglés, y en otro lugar y por supuesto que Marco Polo la dirigiera también fue un punto más”.

 

La boda de Valentina, dice la actriz, “es una historia de amor muy bien contada, creo que no es predecible por más que parezca totalmente predecible porque está clarísimo en cuanto empieza, pero te hace dudar. Y creo que el elemento de Estados Unidos contra México siempre nos gusta, nos interesa, nos parece divertido y queremos ganar”.

 

A ella le tocó hacer escenas que en la historia estaban ubicadas en Estados Unidos pero que en realidad se filmaron en Toronto, Canadá. “Me encanta viajar y creo que parte de las cosas increíbles que tiene nuestra profesión es esa. El hecho de filmar, yo no conocía Canadá, y filmar allá fue padrísimo. Era un crew diferente, conoces gente diferente, allá sí era todo en inglés, no como acá que Ryan Carnes sufría con nosotros, y sí sentías un poquito más el ambiente de estar en otro país. La gente trabaja diferente”.

 

Marimar ha trabajado en cine, teatro y televisión. En ese sentido, se considera afortunada de poder hacer las tres cosas. “No podría elegir, pero sí creo que la gente que hace cine en nuestro país está ahí porque le gusta mucho lo que hace; desafortunadamente a veces en la tele no pasa así. Pero en el cine la gente o estudió o quiere o ama lo que hace, en todos los departamentos. Entonces, estar en un set donde todo mundo hace lo que le gusta, y con un entusiasmo y un gusto particular, se vuelve muy bonito y por eso se hace arte. Y creo que la televisión a los actores, por lo menos a mí, les da mucho oficio: sirve para poder entrar y salir en friega, para poder memorizar 30 escenas en un día. Y el teatro es muy particular y cualquier actor tendría que experimentar estar en un escenario y tener al público cerca y decir lo mismo todos los días, pero siempre es diferente. No hay una función que sea igual a la anterior”.

 

Para ella, es inevitable que un personaje que interpreta tenga algo suyo. “Todos los actores trabajamos con nuestras memorias, nuestras vivencias y la imaginación. Pero las emociones tienen que ser emociones que conozcas o que por lo menos se acerquen a algo que hayas vivido para poderlo representar”.

 

Actuar, dice Marimar, es algo que está en su naturaleza. “Más que tener que buscar una motivación afuera, siento que uno lo trae, porque hasta cuando no estás trabajando tienes la necesidad de hacerlo. Nunca ha habido un momento en el que haya dicho ya, voy a hacer otra cosa porque no he trabajado en un año”.