10 clásicos de terror del cine mexicano

La historia del cine de terror mexicano tiene, muy a su pesar, su tradición. Por desgracia, y como ya lo hacía notar con elegancia e ironía Jorge Ayala Blanco en los años sesenta, su temática estaba desperdigada “en un caos bárbaro de literatura universal, de cine de horror clásico y de leyendas nacionales” que saturaron las producciones del género a partir de la segunda mitad de los años cincuenta. Las grandes cintas de terror mexicano son pocas, pero aquí les damos un top ten a propósito del estreno de Km 31-2.

 

Dos monjes (1934)
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Dos monjes (1934)

Dos monjes (1934), de Juan Bustillo Oro

El director de Ahí está el detalle (1940), película fundamental en la carrera de Cantinflas, elabora una historia de un aparente crimen pasional con dos monjes que se encuentran en un monasterio, un lugar de tintes góticos: Juan y Javier. Cada uno da su versión de la trágica muerte de Anita, de quien ambos estaban enamorados, y por quien ambos se volvieron rivales y monjes. Un año después, Bustillo Oro hizo El misterio del rostro pálido (1935), anécdota de tintes frankenstanianos.

 

 

 

El vampiro (1957)
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El vampiro (1957)

El vampiro (1957), de Fernando Méndez
Es bellísimo el lirismo visual conseguido por el cinefotógrafo Rosalío Solano, uno de los grandes del cine mexicano. La historia, que ocurre en una vieja hacienda de la provincia, adapta libremente la novela Drácula de Bram Stoker. La escena de apertura, de la llegada del tren, es fenomenal. Germán Robles se volvió personaje icónico por su interpretación del conde Duval, un vampiro que no le pedía nada al de Bela Lugosi. Méndez hizo una continuación: El ataúd del vampiro.

 

 

 

Macario (1960)
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Macario (1960)

Macario (1960), de Roberto Gavaldón

El director de La escondida (1956), adapta un cuento de Bruno Traven para entregar este relato onírico sobre un hombre, el Macario del título (interpretado magistralmente por Ignacio López Tarso), quien hace un trato con La Muerte (Enrique Lucero) para poder salvar a casi todos los enfermos con una poción. El trabajo fotográfico de Gabriel Figueroa es de primer nivel. La cinta fue nominada al Oscar como mejor película extranjera y estuvo en la selección oficial de competencia del Festival de Cannes.

 

 

 

Santo contra las mujeres vampiro (1962)
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Santo contra las mujeres vampiro (1962)

Santo contra las mujeres vampiro (1962), de Alfonso Corona Blake.
Alabada en su momento por la crítica francesa, por sus cualidades surrealistas, la película enfrenta al llamado Enmascarado de Plata, héroe de un género único del cine mexicano, contra un grupo de bellas vampiresas comandadas por Zorina (Lorena Velázquez), quienes tienen la misión de encontrarle esposa a su amo, que está a punto de despertar. El padre de la muchacha elegida, un profesor, ha descubierto el plan y recurre a El Santo para proteger a su hija.

 

 

 

 

Hasta el viento tiene miedo (1967)
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Hasta el viento tiene miedo (1967)

Hasta el viento tiene miedo (1967), de Carlos Enrique Taboada
La historia se ubica en un internado para señoritas. Solo unas cuantas alumnas se quedan en el lugar pues no se les permite salir durante un descanso vacacional debido a que están castigadas. Pronto, las chicas, entre las que se encuentran Lucía (Maricruz Olivier), Claudia (Alicia Bonet) y Kitty (Norma Lazareno), viven extrañas experiencias y conocen la historia de Andrea, una estudiante que se suicidó y que busca venganza contra la directora (Marga López). Filme de terror psicológico solvente y efectivo. La filmografía de Taboada es fundamental en el género del terror: incluye El libro de piedra (1968), Más negro que la noche (1974) y Veneno para las hadas (1984) —con la que ganó los Ariel a mejor película y director— todas igualmente logradas.

 

 

 

Doña Macabra (1971)
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Doña Macabra (1971)

Doña Macabra (1971), de Roberto Gavaldón
Otón (Héctor Suárez) y Lucila (Carmen Salinas) son unos recién casados que convencen con mentiras a Doña Macabra (Marga López), la tía de ella, para vivir en su casa. Pero sus intenciones son robarse el tesoro enterrado en la casa. Lo que no saben es que Doña Macabra está enterada de sus planes. La película, del director de Macario, mezcla el terror con la comedia.

 

 

 

La tía Alejandra (1979)
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La tía Alejandra (1979)

La tía Alejandra (1979), de Arturo Ripstein
Un cuento de brujería. La tía Alejandra del título (espléndida Isabela Corona) llega a vivir con su sobrino y su familia (Manuel Ojeda, Diana Bracho y María Rebeca). La tía, ya de la tercera edad, tiene solvencia económica, lo cual ayuda a resolver los problemas financieros de la familia, pero tiene una sed de venganza que ni se imaginan. Por eso, a partir de su llegada empiezan a suceder cosas raras: accidentes e incluso muertes. Sus atmósferas son de lo mejor logrado.

 

 

 

La invención de Cronos (1993)
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La invención de Cronos (1993)

La invención de Cronos (1993), de Guillermo del Toro
La ópera prima del director de El laberinto del fauno (2006) destacó en aquellos años de escasa producción nacional por su bien cuidada manufactura. Un extraño aparato con forma de escarabajo y de 400 años de antigüedad reaparece y cae en las manos de Jesús Gris (Federico Lupi), quien lo utiliza accidentalmente y luego revive de entre los muertos. Es un notable relato vampírico en el que también aparecen Claudio Brook y Ron Perlman, en su primera colaboración con Del Toro.

 

 

 

Kilómetro 31 (2007)
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Kilómetro 31 (2007)

Kilómetro 31 (2007), de Rigoberto Castañeda
En ese año, el cine de terror mexicano vivió una reactivación que empezó precisamente con esta película en la que Castañeda, también guionista, retomó la leyenda de la Llorona para hacer su propia interpretación en una cinta que tomaba elementos del cine oriental de terror de entonces. La producción fue sumamente cuidada para narrar la historia de Ágata (Iliana Fox), quien es atropellada en el km 31 de una carretera y quien se comunica con su gemela Catalina. Ella va al lugar solo para descubrir qué eventos paranormales ocasionan accidentes. Este viernes 4 de noviembre se estrena en cines su continuación: Km 31-2.

 

 

 

 

El fantasma del convento (1934)
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El fantasma del convento (1934)

El fantasma del convento (1934), de Fernando de Fuentes
En palabras del crítico Ayala Blanco, el cineasta que más tarde dirigiría Allá en el rancho grande y Vámonos con Pancho Villa (ambas de 1936) convierte la convención narrativa en vivencia poética prolongada por medio de una historia onírica. Es tal vez el antecedente más viejo de estas historias. Alfonso y el matrimonio conformado por Eduardo y Cristina se pierden en el bosque, donde los encuentra un extraño monje que los lleva con él a un viejo convento donde comienzan a ocurrir situaciones que incluso les cambian la personalidad, principalmente a Cristina.